
Escribo este comentario desde Cuernavaca, México. En dos días, la Universidad de Chile enfrentará a las Chivas de Guadalajara por el duelo de ida de la Copa Libertadores. Una instancia donde la U ha llegado en dos ocasiones anteriores, siendo incapaz de superar.
Presumo que será una llave cerrada, por los antecedentes exhibidos por los dos equipos y porque el receso afectó la continuidad de ambos. Creo que dañó más a los mexicanos, pero esto es apenas un factor. Aunque suene cliché, los partidos de Copa son diferentes. La pura y santa verdad.
Por eso, antes del resultado puesto y para evitar comentar con el diario del día siguiente (algo tan propio en nuestro medio), quiero determe en la labor de Gerardo Pelusso.
El uruguayo no vende humo. Enhorabuena. Uno puede estar de acuerdo o no con su forma de ver el fútbol (en lo personal me parece algo mezquina con el espectáculo), pero el tipo hace su trabajo de un modo impecable. Analiza con detención a sus rivales. Detecta con precisión de cirujano las falencias del contrincante. Potencia las virtudes de su equipo hasta convertirlo, siempre, en un once difícil de superar. La U puede jugar bien o mal, pero jamás será fácil. Sabe lo que tiene. Y lo que debe hacer para conseguir sus metas.
Pelusso no habla del juego galano. Lo suyo es meter, correr, ganar. No alude discursos que suenan hermosos pero que rara vez son reales, como los consabidos "voy a privilegiar la cantera".
Durante la Copa del Mundo, Gerardo Pelusso dijo que España era un desastre. Y los hispanos terminaron siendo campeones. Más allá de resaltar el error del entrenador, su declaración revela el tipo de fútbol que no predica. Se puede concordar o discrepar con el juicio, pero la sinceridad de Pelusso se agradece.
Durante el Mundial elogió a Marcelo Bielsa. No lo hizo por su modo de ubicar a los jugadores en el campo ni por su propuesta ofensiva. "Valoro lo que hacen Bielsa y otros entrenadores, porque son entrenadores y formadores. Yo no soy así. A mí me gusta competir. Ganar".
Pelusso es de la vieja escuela. De esos que si uno le entrega once jugadores, les sacará provecho. de esos intuitivos, que al borde la cancha leen el partido con mucha precisión. De esos que rara vez equivocan los cambios. De esos tan despreciados por algunos que no se dan cuenta que detrás de eso, también hay trabajo. Y talento. Mucho talento. Al menos en el caso del uruguayo.